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Cree
Mira siempre de frente al horizonte y si vuelves la vista a tus espaldas, que sea para hundir el mal del hombre que quebró tu cariño y tu esperanza.
Sigue siempre adelante, que el camino se abre más amplio cada vez que pasas. La luz es para todos, y el destino nos prueba a veces, y otras nos encauza.
No esperes vanas ilusiones muertas, no creas más en lo que tú batallas, que cuando tu morada esté desierta, muy pocos buscarán recuperarla.
Pero cree en la vida porque es bella y en la gente que de tí no se separa.

Espero ser tu amiga!

El Poema De La Culpa

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Yo la amé, y era de otro, que también la quería. Perdónala, Señor, porque la culpa es mía.
Después de haber besado sus cabellos de trigo, nada importa la culpa, pues no importa el castigo.
Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo mis labios están dulces por ese amor amargo.
Ella fue como un agua callada que corría... Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía.
Perdónala Señor, tú que le diste a ella su frescura de lluvia y esplendor de estrella.
Su alma era transparente como un vaso vacío: Yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío.
Pero, ¿cómo no amarla, si tú hiciste que fuera turbadora y fragante como la primavera?
¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío sobre la yerba seca y ávida del estío?
Traté de rechazarla, Señor, inútilmente, como un surco que intenta rechazar la simiente.
Era de otro. Era de otro que no la merecía, y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.
Era de otro, Señor, pero hay cosas sin dueño: las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.
Y ella me dio su amor como se da una rosa, como quien lo da todo, dando tan poca cosa...
Una embriaguez extraña nos venció poco a poco: Ella no fue culpable, Señor... ¡ni yo tampoco!
La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella y me distes los ojos para mirarla a ella.
Sí. Nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar y si es culpable un río cuando corre hacia el mar.
Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara, que sería pecado mayor si no la amara.
Y por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella, que tú, que hiciste el agua, y la flor, y la estrella,
tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre, tú también la amarías, ¡si pudieras ser hombre!

José Ángel Buesa